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El Caldero de la Bruja

TOM Y LA PUBLICIDAD

Sí, hablo de Tom Cruise, que últimamente parece que tenga el don de la ubicuidad. Nada como una campaña de publicidad para encontrarte a un actor de Hollywood hasta en la sopa.
Reconozco que cuando tenía 15 años era una de mis debilidades. De hecho le estaré eternamente agradecida porque gracias a él descubrí la “Fotogramas”. Pero todo tiene un límite y, francamente, la sonrisa "Profidén" de Tom Cruise empieza a producirme pesadillas. Eso por no hablar de la cada vez más cargante manía que le ha dado de unir las promociones de sus películas a la promoción de la cienciología. O, peor aun, de sus relaciones amorosas.
Siempre he pensado que los actores, todos, demostrarían gran sensatez si mantuvieran su vida sentimental, y en general, su vida privada, en secreto. No por una cuestión de intimidad, sino más bien de credibilidad. Por ejemplo, todavía recuerdo la sensación de estafa que me produjo “El primer caballero”, con Richard Gere haciéndose pasar por un caballero cristiano. Cierto que un actor quizá hubiera hecho creíble la escena en la que tiene que pasar la noche rezando. Pero yo no podía evitar pensar que ese tío es budista y que qué narices pintaba rezando padrenuestros.
Y con Tom Cruise cada vez me pasa más. No me resulta creíble. Tanto hacer el tonto por los platós de televisión, pues al final no me meto en la peli y sigo viendo al señor que hace el imbécil en las televisiones de medio planeta. Y, ¡qué narices! el cine está muy caro y no es cuestión de pagar por ver algo que no me va a gustar.
Lo siento por Steven Spielberg, porque el trailer prometía bastante, pero debería haberlo pensado antes de meter a Tom Cruise a hacer promoción. Quizá haya personas a las que les convenza, sin embargo, yo he decidido que prefiero ver “Batman beguins”, que igual es peor, pero al menos no me se han quitado las ganas de verla con una promoción excesiva y majadera.
Y es que es lo que tiene que te enseñen a tener criterio cuando vas al colegio, que luego lo utilizas. Así que, ya puestos, tampoco pienso ir a ver King Kong. No voy a dejar que un solo céntimo de mi dinero vaya a parar a un tipejo que se cree que porque es millonario y famoso puede conducir por carreteras públicas a 300 kilómetros por hora.
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