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El Caldero de la Bruja

YO TAMBIÉN QUIERO UN PLAN

Sí señor, yo también quiero un plan, pero no un plan cualquiera, no, quiero uno como el de Ibarretxe. Ya lo tengo pensado.
Esta noche, cuando estemos cenando les pediré a mis padres que me dejen ser una chica independiente. Pero claro, con condiciones: yo me voy a vivir a Madrid, y en lo que voy buscando curro en algo que me haga sentir verdaderamente realizada, o sea, nada de ser camarera o cajera de supermercado o teleoperadora, no, yo quiero algo más interesante, no sé, reportera de informativos, guionista de “Siete vidas” o de “CQC”, algo así. Bueno, pues mientras me realizo, mis papis se encargan de pagar el piso, la luz, al agua, la comida y la ropa y bueno, algunos gastos extras para mis vicios.
Y por supuesto, los fines de semana los pasaría en casa para que mi mami se encargara de lavarme la ropa y de paso poder arrasar el congelador, que al fin y al cabo dicen que en Madrid la comida es de plástico (algo difícil de entender porque Mercamadrid es uno de los mayores mercados de Europa y posiblemente el mejor surtido de España, pero bueno, son cosas de los pueblos).
Pero a lo que íbamos. Ni que decir tiene que en la tarjeta sanitaria seguiría estando a nombre de mi padre, lo mismo que en el seguro del coche y de la casa, que me sale más barato.
¿A qué es una buena idea? Yo me marcho de casa porque soy especial y diferente y necesito independencia para sentirme realizada, pero mis padres corren con los gastos. Al fin y al cabo, ellos también ganan: más espacio en casa, una hija independiente y un pisito en Madrid, por si les apetece ir un día.
El problema es que a mis padres no creo que les haga ni puñetera gracia, vamos, ni a los míos ni al del noventa y nueve por ciento de los jóvenes. Al fin y al cabo, cuando uno se independiza, o se independiza de verdad o más vale que se quede en casita hasta que pueda pagarse todos sus gastos. O hasta que no necesite el paraguas institucional que le brinda España para seguir asociado a determinados organismos internacionales. Por no hablar de la cantidad de clientes que tienen en nuestro país el BBVA o Eroski o Fagor por nombrar algunas empresas cuyos dueños no creo que simpaticen mucho con el plan. Al fin y al cabo, los españoles hemos demostrado que sabemos dar donde duele cuando algo no nos gusta. Y si no que se lo pregunten a Carod Rovira.
Nota aclaratoria: Aquí la bruja resulta que es de Bilbao.
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