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El Caldero de la Bruja

¿Y QUÉ HAGO YO CON TODO ESTO?

En mi casa estamos de mudanza. A falta de que se firmen las escrituras de venta de la casa, ya está todo listo. Por suerte el piso nuevo está cerca y podemos ir bajando las cosas poco a poco. Sin embargo, parece que de repente la casa se ha llenado de trastos inútiles.
En principio parece muy fácil, meter todo el contenido de los armarios en cajas. Hasta que una descubre el contenido de los armarios. Y además resulta que es de mis hermanos. Porque, vamos a ver ¿qué hago yo con la colección de muñequitos de plomo de mi hermano el pequeño? ¿O con los apuntes del mayor? Eso por no hablar de la colección de libros escolares de EGB que hay por casa. Tirarlos queda descartado, así que habrá que donarlos a algún sitio, para algo servirán, digo yo.
Y si nos metemos con mis cosas. Bueno. Es algo surrealista. Desde mi colección de tazos hasta los apuntes de la carrera. Hasta he reencontrado la orla. ¡La orla! Parece mentira, con la ilusión que me hizo en su momentos y ahí estaba, olvidada en una estantería y llena de polvo. Más o menos como el título.
Pero si sólo fuera eso. También están los libros, decenas de ellos, las fotos, los adornos, mi colección de "Fotogramas"... Hasta he encontrado el corcho de una botella de cava con una fecha escrita. ¿Para qué narices guardaría yo el corcho de una botella de cava, si además soy abstemia? Y cartas. Resultados de mudanzas anteriores y de tener amigos repartidos por media España.
Ni que decir tiene, también he encontrado mis viejos diarios. Menos mal que los recuerdos ocupan menos lugar que los cuadernos en los que están escritos. Y que el ridículo que produce leer ciertas cosas.
Hay que fastidiarse la de trastos que pueden encontrar cabida en el pequeño espacio de mi habitación. Y lo difícil que es decidir que hacer con todas ellas. Y me pregunto porqué algunos objetos, por inútiles que parezcan siguen produciendo en mí tal efecto que me resisto a tirarlos a la basura y les busco un hueco en las cajas, a la espera de que en la próxima mudanza sea capaz de deshacerme de ellos y de los recuerdos que tan poderosamente invocan. Mientras tanto, me siento como Frodo, incapaz de deshacerme de esa anillo único que son "mis cosas". Pero sin dejar de preguntarme dónde narices va a caber tanto trasto.
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